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Ercole Lissardi - El amigo de las mujeres - NOVEDAD EDITORIAL

El amigo de las mujeres, Ercole Lissardi, los libros del inquisidor, Buenos Aires, 2023 (novela).

Distribuye en Argentina La Periférica


Foto: Marcelo Bonaldi



En esos días fue que comenzó lo de Nelly, la panadera. En la panadería en que compro hubo un cambio de firma. Para bien, por cierto, porque el pan, especialmente el dulce, mejoró. La atención al público pasaron a hacerla tres angelitas: petisitas, menudas, pelo negro y piel un poco oscura, un poco indiecitas, parecían hermanas, que no lo eran. Todo el tiempo cuchicheaban entre ellas y se reían por lo bajo de quién sabe qué. En la caja, un setentón coriáceo no le prestaba atención a nada que no fueran los quintillos, que contaba y recontaba antes de dejarlos caer ruidosamente dentro de la caja registradora.


Una tarde que fui a comprar bizcochos para la merienda me apercibí de que, al acercarse una de ellas para atenderme, las otras juntaban las cabecitas para secretear y soltar risitas disimuladas. Pensé que algo en mí les hacía gracia y, por supuesto que sin importarme lo que fuera, me limité a responderles con una gran sonrisa. Al llegar a casa encontré que, junto con mis medialunas y mis pan con grasa, venía un cañoncito relleno de crema de chocolate que yo no había pedido y que, por cierto, no me habían cobrado. Pensé, por supuesto, que se trataría de un error, y me comí esa yapa, que estaba deliciosa.


Un par de días después volví a la panadería, olvidado, claro está, del asunto. Me llamó la atención que apenas entré una de las dos que estaban al mostrador, en lugar de adelantarse para atenderme, empujó la puerta de batientes que daba al interior y llamó a la tercera, cuyo nombre supe en ese momento que era Nelly. Las dos que estaban al mostrador fingieron estar ocupadas, aunque yo era el único cliente en la panadería en ese momento. No llegué a impacientarme con su actitud porque de inmediato apareció secándose las manos la tercera brujita y se dirigió directamente hacia mí para atenderme. Nelly me atendió mirándome todo el tiempo a los ojos y con una sonrisa de oreja a oreja. Pagué en la caja, recogí mi compra y me olvidé del asunto. Oí, al abrir la puerta para salir, un estallido de risitas a mis espaldas. Evidentemente se traían algo conmigo. Me detuve y las miré a través de la vidriera. Ahí estaban las tres muy risueñas, mirándome. No pude evitar sonreírles otra vez. Loquitas divirtiéndose, Dios las bendiga, pensé. Al llegar a casa comprobé que otra vez, junto con mi compra, venía un cañoncito de yapa, esta vez relleno de dulce de leche. Comprendí entonces, maravillado, que, a su manera, la panaderita Nelly se me estaba declarando.


(Fragmento.)


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