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  • Ana Grynbaum - La obra maestra de Leo Perutz

    Los adjetivos resultan pobres para expresar mi fascinación con la novela De noche, bajo el Puente de piedra (1953), de Leo Perutz (Chequia, 1882 - Austria, 1957). Esa ficción histórica, poética, imaginativa, en un arte de prestidigitación, recrea la Praga renacentista a partir de viejas leyendas. Su estructura es como un fractal que enhebra una serie de historias para pintar un lugar tan geográfico como anímico. Me conmueve el amor con que Perutz, como un titiritero, mueve a sus personajes. Aun cuando a estos los domina la extrañeza o el capricho, la crueldad o la sordidez, el egoísmo o la inescrupulosa ambición, el llamado a la complicidad es tal que el lector se identifica con ellos. El emperador Rodolfo II protagoniza o está presente en la mayor parte de los capítulos, ya sea dentro o fuera de su castillo, ocupando el trono o recorriendo –disfrazado- las callejuelas. El relato lo toma incluso antes de convertirse en emperador y también tras su derrocamiento y muerte, a través del recuerdo de quienes lo rodeaban. No menos protagónico resulta, como una figura coral –inquietante, pesada y oscura- el Gueto Judío de Praga. Dentro de los ámbitos opuestos de la corte y el gueto, tanto nobles como plebeyos, se destacan una serie de personajes que protagonizan varias de las narraciones de esta novela. A través de sus vicisitudes, en una suerte de comedia de enredos, se muestra una forma de vida que campea en la nostalgia, así como los ideales y los prejuicios que la sostuvieron. Algunos de los personajes destacados son el rico judío Meisl, su bella esposa Ester -de quien el emperador se ha enamorado-, los cómicos ambulantes Oso Manso y Jaimito el Loco, el bufón Brouza, el alquimista Jacobus Van Delle, el astrónomo Kepler y el pintor Brabanzio. También desempeñan papeles pequeños, aunque coloridos, varios militares, criados, mesoneros, un barbero que asimismo oficia como cirujano, una viuda rica que rapta a sus amantes ocasionales y los recibe tras un antifaz, etc., etc. Jugar con personajes históricos Al ficcionar en base a personajes y hechos históricos se juega con las ideas previas del lector. Si en De noche, bajo el Puente de piedra, buena parte de la acción sucede en el Gueto de Praga entre el siglo XVI y el XVII, es altamente factible que el Golem asome las orejas. El texto no contiene la palabra golem, pero sí al Rabino Loew creando un Ecce Homo capaz de obedecerlo con milagrosa eficiencia. El alto rabino levantó su mano señalando ese muro. Y su mágico poder formó sobre él, con luz de luna y moho, con hollín y lluvia, con musgo y argamasa, una imagen. / Era un Ecce Homo. Pero no era el Mesías, no era el Hijo de Dios; tampoco era el hijo del carpintero, el que desde las montañas de Galilea había llegado a la Ciudad Santa para enseñar al pueblo y sufrir la muerte a cambio de sus enseñanzas… No, era un Ecce Homo de otra clase. Pero era tan sublime lo que expresaban sus rasgos, tan desgarrador el sufrimiento que su rostro proclamaba que, al barón, por más desalmado que fuera, le alcanzó un rayo de contrición y fue el primero en caer de rodillas. Y frente a ese Ecce Homo se inculpó de haber obrado esta noche sin clemencia ni temor de Dios. Si la mayor parte de la acción sucede en la corte de Rodolfo II, cabe que alguna escena se ambiente en su gabinete de curiosidades y objetos de arte, y que allí comparezcan algunos de los artistas y científicos que en él intervinieron. Pero más que el gabinete en sí, juega un papel central la obsesión del emperador por la adquisición de objetos bellos. La narración pone carne a los datos históricos, volviéndolos vívidos y comprensibles, aun en su extravagancia. Entre los pintores de la colección del Emperador se nombra varias veces a Durero, quien fuera especialmente famoso por sus versiones del Ecce Homo. No hay mención de Arcimboldo, pero la pintura que hace Perutz de Rodolfo, en su heterogeneidad y su locura, en su capacidad de interesarse por las cosas al punto de permitir que estas tomen su ser, se parece mucho al retrato del emperador como Vertumno, el dios romano -de origen etrusco- que encarna el mutar de la vegetación durante el transcurso de las estaciones. Ester, una imagen que despierta el deseo ¿Es posible tener la culpa de soñar y ser soñada? La mirada del Emperador y la de la bella Ester se cruzan por casualidad, brevemente, una sola vez, en las callejuelas del Gueto Judío. Poco después, él obrará para que se conviertan en amantes –ella está casada- y se encuentren cada noche en su real aposento. Aunque los encuentros se dan exclusivamente en sueños, no dejan de satisfacer la libido del monarca. Sin embargo, este amor fantástico será truncado cuando el Gran Rabino Loew tenga que deshacer el hechizo a los efectos de frenar la ira de Dios, expresada bajo la forma de una peste que diezmaba la vida de los niños. Un dios que juzga con crueldad no solo los actos sino también los deseos. El poder de las imágenes atraviesa esta novela, constituyendo escenas cúlmines. Amén de la citada formación del Ecce Homo, en el taller del pintor Brabanzio y su hermano el sastre, confluyen casualmente Meisl, el esposo de Ester, y Rodolfo –disfrazado-, su amante extraordinario. El emperador, históricamente famoso por interesarse más por el arte que por el gobierno, anda tras un cuadro para su insaciable colección. Meisl pretende que Brabanzio pinte un retrato de Ester, ya muerta, a partir de la descripción que le da de ella. Brabanzio no logra representarse el rostro de Ester, pero Rodolfo, cuando escucha las palabras con que Meisl la evoca, espontáneamente la dibuja. El emperador se identifica con el judío. Era perfecta y sin falta, como las ofrendas que se hacen al Señor (…). Como una flor de los campos, deleite de los ojos que la contemplaron. Sí, y hasta sabía leer, escribir y hacer cuentas, hacia pequeñas labores en seda y cuando estaba sentado con ella a la mesa me atendía gentilmente. Tan discreta era que hubiera podido hablar ante el emperador. Tenía una gata a la que quería mucho, todos los días le daba leche. A veces estaba triste, decía que las horas pasaban muy lentas y que ella quisiera que ya fuera noche. Cuando Meisl ve el retrato y reconoce a Ester, cree que fue pintado por Brabanzio. Tras pagar un buen dinero, se lo lleva feliz. Sin embargo, a Rodolfo el dibujo realizado no lo satisface. No, no era ella, era alguna otra que en algo se le parecía, pero no era ella. Una joven judía de grandes ojos asustados sobre la que tal vez dejara caer su mirada cuando pasaba a caballo por las calles del barrio judío, pero no ella, no la amada de sus sueños. / Tal vez, se decía a sí mismo, miré demasiado su rostro y demasiado poco su corazón (…). En efecto, Ester era para él un rostro que, despertando su deseo, pobló sus fantasías. También ella había quedado prendada de la estampa de Rodolfo y coprotagonizaban en el terreno sobrenatural escenas eróticas, pero ¿merecía la mujer real ser castigada por Dios con la muerte? Además, resulta extraño que la muerte pudiera vaciar la fantasía del amante. Se ve que en aquella época y esos lugares pasaban muchas cosas de difícil explicación. *** Las citas pertenecen a: De noche bajo el Puente de piedra, Leo Perutz, Acervo cultural editores, Buenos Aires, 1955. Hay edición española actual.

  • Ercole Lissardi - Un héroe de nuestro tiempo

    Era el hombre adecuado y estuvo en el lugar preciso en el momento preciso. La libertad de expresión en literatura a nadie le debe tanto como a él. Merece nuestro reconocimiento como un verdadero héroe de la cultura. Maurice Girodias (né Kahane; adoptó el apellido de su madre para eludir las leyes antisemitas durante la ocupación alemana de París) había heredado de su padre un savoir faire. Durante los años treinta, trabajando en París, Jack Kahane, se había especializado en editar, en su sello Obelisk Press, los libros con los que los demás editores no se atrevían: Trópico de Cáncer de Miller, Finnegan´s Wake de Joyce, El libro negro de Durrell, los cuentos de Anais Nin... y también novelitas con truculentas aventuras sexuales. Todo en inglés para uso de los turistas ingleses y americanos que visitaran la Ciudad Luz. Terminada la Segunda Guerra, Maurice Girodias pierde, a manos de su distribuidor, Hachette, la editorial de libros de arte que con gran esfuerzo y buen éxito había conseguido poner en pie durante la ocupación alemana. Está en la miseria. Decide seguir los pasos de su padre y en 1953 funda Olympia Press. Para los entendidos ya el nombre de la editorial era todo un programa: la Olympia de Manet fue, seguramente, la pintura más escandalosa del siglo XIX. La estrategia editorial de Girodias reproduce, en principio, la de su padre: un catálogo que mezcla obras serias y truculencia sexual –aportada ésta por jóvenes ingleses y americanos que pasaban hambre en la bohemia parisina en espera de la gloria, a los cuales Girodias mismo suministraba hasta el título y el argumento de la obrita. Pero agrega a esa estrategia un elemento capital: la búsqueda deliberada del escándalo mediante el enfrentamiento con la justicia. Girodias sabía que el escándalo multiplica las ventas. Para semejante estrategia, era el momento preciso. Después de los millones y millones de muertos de la Segunda Guerra, después del horror sin límite del genocidio nazi, después de desatarse la amenaza nuclear con Hiroshima y Nagasaki (“con la próxima guerra desaparecerá la Humanidad” era la novedad inaudita con la que tenía que convivir el ciudadano medio) ¿qué Estado se podía sentir legitimado como para reprimir penalmente los intentos por darle un poco de sabor a la gris existencia del angustiado animal urbano? Girodias intuyó que la rigidez policial en la materia no podía durar mucho y se lanzó al ataque como un verdadero kamikaze. En seis años (1953-1959), con una andanada de gobernantas inglesas y escuelas del pecado, financió la publicación de autores y obras clave del siglo XX que ningún editor se atrevía a tocar ni con la punta de los dedos: publicó a Beckett –Watt y la trilogía de Malone-, Sexus de Miller, Lolita de Nabokov, Candy de Terry Southern, El almuerzo desnudo de Burroughs, Historia de O de Pauline Réage, El hombre de mazapán de J.P.Donleavy, además de las primeras traducciones al inglés de Genet y Bataille. No es fácil encontrar en todo el siglo un editor que pueda ofrecer un catálogo semejante de primeras ediciones. Prácticamente todos sus títulos –serios o no- fueron prohibidos: 25 sentencias judiciales prohibiendo 80 títulos. Una verdadera batalla en la que las policías de tres países –Francia, Inglaterra y Estados Unidos- se coordinaron para acallar al escandaloso editor. Lo consiguieron, por supuesto. En 1963 el gobierno francés retiró a Girodias su licencia para editar “por ochenta años y seis meses”. Tuvo que irse de París. Pero la chispa había encendido la pradera y el debate en torno a la libertad de expresión ya era inocultable. En pocos años la censura literaria –y la cinematográfica- desaparecerían sin dejar huellas. El camino estaba allanado para lo que vino después: el movimiento estudiantil –que tuvo su epicentro en el 68- y la llamada Revolución Sexual. El exilio de Girodias en Estados Unidos duró una década. Tuvo la ocurrencia de publicar Presidente Kissinger, producto torpe de varios autores que presentaba una utopía socialista (¡!) encabezada por el entonces Secretario de Estado Henry Kissinger. El FBI involucró falsamente a Girodias en un asunto de drogas y fue invitado a salir del país. Corría el año 1966 cuando Gore Vidal se tomó la molestia de escupir al despreciable editor de libros sucios, en un extenso artículo titulado "Acerca de la pornografía", publicado en la prestigiosa New York Review of Books. Girodias le respondió. En un pasaje que nos parece particularmente sutil de su respuesta dice: Cuando elige su título, Acerca de la pornografía, el Sr. Vidal cándidamente hace evidente su compromiso con el establishment. Sus esfuerzos por parecer sofisticado y amplio de mente se vuelven totalmente inconvincentes: la vulgaridad nunca es un buen substituto para la independencia intelectual. El uso constante que hace de la palabra pornografía para describir lo sexual o erótico es un signo inequívoco de su compromiso con el establishment. porque lo que busca es traer a la mente del lector la imagen de algo indeciblemente lascivo y sucio. Pornografía es una de esas palabras. No significa nada, su etimología no tiene sentido, pero tiene esa chirriante, horrible cualidad que es mucho más efectiva que toneladas de sentido común. Llamar a una obra de arte pornográfica es un viejo truco practicado por generaciones de censores para justificar su feo trabajo. (Publicado originalmente en www.montevideo.com.uy en julio de 2008. Fue retomado por el sitio Henciclopedia.)

  • Ana Grynbaum – Menos que ángeles, los personajes de Barbara Pym

    Al final de estas vacaciones, para resarcirme del trabajo intelectual, me dispuse a leer una novela por mero deleite. Elegí Un poco menos que ángeles (Less than Angels,1955), de Barbara Pym. Pese a lo terso de la escritura de Pym me costó bastante entrar en la narrativa. Durante los últimos meses estuve demasiado comprometida en la búsqueda del gran pez como para luego adentrarme fácilmente en una escritura de tono menor. Sin embargo, encaré el esfuerzo, porque lo primero que leí de esta autora, Mujeres excelentes, me gustó tanto como para alentarme. Y el esfuerzo dio sus frutos. No ángeles sino humanos y británicos El título del libro alude a un verso de Pope perteneciente a su Ensayo sobre el hombre (1734-1735): “Y poco menos que un ángel, querría ser aún más” (p. 262). La referencia aparece en una conversación entre un antropólogo senior y varios jóvenes antropólogos aspirantes a una beca. Es que la trama se teje entre varios antropólogos londinenses y algunas personas de su entorno. En común con Pope tiene Pym su fe religiosa y el tan británico gusto por la escritura satírica. La mirada de la autora sobre sus personajes, aun si crítica, nunca deja de ser compasiva. Ellos son criaturas, que a menudo pecan de creerse más de lo que son y emprender locas aventuras. Aun así, resultan queribles. En la peripecia de los muchos personajes de esta novela dos temas corren en paralelo. Por un lado, el estatuto de los antropólogos ingleses durante el Siglo XX, en su peculiar vinculación con los pueblos salvajes que son motivo de su labor y condicionan su existencia. Pym parece de la idea que los antropólogos harían mucho mejor quedándose en casa para estudiar su propia sociedad. Por otro lado, la narración es en sí misma un estudio de antropología (sociología y/o psicología) acerca de las relaciones entre los hombres y las mujeres en una época (década de 1950) en que los roles adscriptos al sexo están a punto de entrar en el gran cuestionamiento del género que nos atraviesa hoy. Para el lector actual, el texto presenta ese plus de interés. El personaje principal, Catherine, es escritora en revistas para mujeres. Contra los prejuicios que tal ocupación puede despertar, se trata de una persona culta e inteligente, cuyos análisis y acciones aportan las mejores partes de la historia. Por ejemplo, la memorable hoguera en que ayuda a un antropólogo anquilosado en la frustración a quemar todos los papeles que le pesan, quema que tiene lugar en la tradicional noche de Guy Fawkes en el jardín de una casa de barrio londinense. El estilo narrativo, de apariencia simple, responde a un habilísimo trabajo con el lenguaje. Ciertamente su humor es más que sutil, asordinado, y le permite a Pym una crítica desde el amor. De la socarronería hasta el sarcasmo, la autora conoce a sus personajes profundamente porque los ama. El conocimiento nace de la empatía. Es en tal tono satírico pero comprensivo que se desarrolla la peripecia del grupo de los antropólogos y sus allegados, no en las hazañas de sus trabajos de campo situados en tierras míticas, sino en el ámbito de su cotidianeidad, allí donde la ideología juega sus partidos realmente. El Otro es el indígena Un buen complemento para la lectura de Un poco menos que ángeles es el clásico de Edward Saïd, Orientalismo, libro que enseña hasta qué punto el propio concepto de “Oriente” es un invento occidental, una forma de reconocerse en un espejo deformante. Las otras culturas devienen el Otro, un fantasma eurocéntrico. La novela explora cierta cara absurda de la pasión por lo salvaje y lo primitivo supuesto a otros pueblos, la forma en que esta cuestión casi delirante afecta la existencia de quienes se entregan a ello. Este absurdo, sobrepasa los límites de la comedia para alcanzar el drama personal, pero me abstengo de incurrir en spoilers. En la crítica al racismo y al imperialismo emerge un folclore que Pym aborda como parodia, en una imaginería que calificaríamos de infantil si no conociéramos las consecuencias. “Catherine pudo vislumbrar los pensamientos que acechaban tras el rostro estupefacto de Rhoda, el vocerío de la turba de cuerpos negros blandiendo lanzas, o la flecha taimada con la punta recubierta de un veneno para el que no se conocía ningún antídoto, disparada desde una rama colgante de un imponente árbol de la selva.” (p. 301) Entre las múltiples referencias, en el terreno de las complejas relaciones que los estudiosos y aventureros británicos establecieron con otras culturas, no falta la mención a ese personaje especialmente enigmático y ambiguo que fue Lawrence de Arabia. El Otro es la mujer Desde la perspectiva androcéntrica el Otro es la mujer, el continente negro al que el propio Freud aludió. El enigma del goce femenino, imposible de resolver sin cambiar el punto de vista. A Catherine le gustan los hombres, pero más le gusta su soledad, que defiende contra cualquier promesa y de todo confort. Al igual que la autora, ella es una fina observadora de las costumbres y una humorista. “(Catherine) experimentó toda la intimidad y la irritación que pueden derivar de la convivencia con personas de lo más agradables pero con las que no se tiene nada en común. (…) Comenzó a añorar su piso, su máquina de escribir y su peculiar vida solitaria.” (p. 315) Respecto de Alaric, quien la atrae: “Se dio cuenta de que el único modo de reestablecer un contacto normal pasaría por volver a ser libre y vivir sola.” Pym es capaz de hablar de sentimientos, particularmente de amor, sin que sus personajes femeninos mueran de sentimentalismo ni sobrevaloren a los hombres. Ellas son capaces de aceptarlos como son, pero cada una defiende, por encima de todo, su propia existencia. “(Deirdre) Estaba demasiado confusa como para decir gran cosa, por la turbación de haber perdido un amor y aparentemente haber encontrado otro enseguida.” (p. 305) La autora evita el patetismo cuidadosamente. Su postura, si no optimista, es sin duda positiva. Toma a las personas por lo que son. En tal sentido banaliza los temas trágicos de las novelas femeninas de la época. El primer amor no resulta privilegiado en relación con los sucesivos. Y en cuanto al último amor, imposible determinarlo, pues mientras haya vida hay deseo. El relato busca ante todo la honestidad y discute desprejuiciadamente varias cuestiones que se adelantan a su tiempo, como la natural tendencia a la poligamia y la perennidad de la atracción erótica más allá de la edad. Tampoco falta lo que hoy se llamaría sororidad, especialmente en una curiosa escena donde las cuatro mujeres de la vida un hombre, se reúnen para recordarlo –siendo una de ellas su hermana-. Pym despliega su capacidad tanto para viviseccionar los sentimientos como para reírse de la forma en que ellos complican a las personas. El humor le permite no detenerse ante las humanas contradicciones. “Tal vez las mujeres que no habían llegado a saborear todas las experiencias que la vida ofrece desearan al menos poder disfrutar de las tristes: no necesariamente haber amado y sido amadas, pero al menos haber sufrido una pérdida, pensó (Catherine) con simpleza y sin cinismo.” (p. 303) *** Después de que sus libros fueran largamente subestimados e ignorados, casi al final de su vida Barbara Pym (1913-1980) alcanzó el reconocimiento que merece en la literatura del Siglo XX. Afortunadamente los caprichos del mercado nos permiten ahora acceder a buena parte de sus obras en español, incluso en el Río de la Plata. *** *** *** Las citas están tomadas de la edición de Gatopardo, Barcelona, 2018.

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  • LISSARDI OBRA | Lissardigrynbaum

    Lissardi obra Novelas - Edén (los libros del inquisidor, Buenos Aires, 2023) - El amigo de las mujeres (los libros del inquisidor, Buenos Aires, 2023) - El Ser de Luz y la Diosa Idiota (los libros del inquisidor, Buenos Aires, 2022) - El apice y otras historias (los libros del inquisidor, Buenos Aires, 2022; incluye las novelas El ápice, El Bien Supremo y El inconveniente) - Las dos o ninguna seguido de La edad de la sabiduría (los libros del inquisidor, Buenos Aires, 2021) - La reputación de una mujer (los libros del inquisidor, Buenos Aires y Montevideo, 2021) - El quinto viaje (Muerde Muertos, Buenos Aires, 2020) - La mujer infiel. Cuatro historias optimistas (Muerde Muertos, Buenos Aires, 2019; incluye las novelas El innoble, La pasión de Elena, La reina del hogar y Una mujer fatal) - Continuum (Muerde Muertos, Buenos Aires, 2019) - La sagrada familia (Añosluz, Buenos Aires, 2018) - Interludio, interlunio (Sorojchi, Buenos Aires, 2018. 2da ed.) - El jardín de los sentidos, (Vergara, México, 2017. 3ra ed. de la Trilogía de la infidelidad) - El acecho (Santiago Arcos, Buenos Aires, 2016) - Los días felices (Santiago Arcos, Buenos Aires, 2015) - Los secretos de Romina Lucas (Zikit, Jerusalén, 2015. 2da. ed., en hebreo.) - Horas-puente (Zikit, Jerusalén, 2014. 2da. ed., en hebreo.) - Aurora lunar, (Hum, Montevideo, 2014. 2da ed.) - El centro del mundo (Planeta Argentina, Buenos Aires, 2013; incluye las novelas El centro del mundo, La diosa idiota y La educación burguesa) - La bestia (HUM, Montevideo, 2010) - No (HUM, Montevideo, 2010) - La vida en el espejo (HUM, Montevideo, 2009) - Una como ninguna (HUM, Montevideo, 2008) - Ulisa (HUM, Montevideo, 2008. 3er vol. de la Trilogía de la infidelidad.) - Horas-puente (1era ed. en español HUM, Montevideo, 2007. 2do vol. de la Trilogía de la infidelidad.) - Los secretos de Romina Lucas (1era ed. en español HUM, Montevideo, 2007. 1er vol. de la Trilogía de la infidelidad.) - Acerca de la naturaleza de los faunos (los libros del inquisidor, Montevideo, 2006) - Primer amor, último amor (los libros del inquisidor, Montevideo, 2004) - El amante espléndido (los libros del inquisidor, Montevideo, 2002) - Evangelio para el fin de los tiempos (Fin de Siglo, Montevideo, 1999) - Interludio, interlunio (Fin de Siglo, Montevideo, 1998. 1era ed.) - Últimas conversaciones con el fauno (Fin de Siglo, Montevideo,1997) - Aurora lunar (los libros del inquisidor, Montevideo, 1996. 1era ed.) Ensayos - Erotopías. Las estrategias del Deseo (1era ed. Muerde Muertos, Buenos Aires, 2020; 2da ed. los libros del inquisidor, Montevideo, 2021) -La pasión erótica. Del sátiro griego a la pornografía en internet (2da. ed.: los libros del inquisidor, Buenos Aires, 2021) - La pasión erótica. Del sátiro griego a la pornografía en Internet (Paidós Argentina, Buenos Aires, 2013) - Porno y postporno (HUM, Montevideo, 2011) Cuentos - Calientes (los libros del inquisidor, Montevideo, 1994) Participación en obras colectivas - Ensayo “El cuerpo pornográfico”, libro Pornologías, coordinado por Fabián Giménez Gatto y Alejandra Días Zepeda, La Cifra Editorial, México, 2017. - Texto “Memoria y Ángel”, libro Me lo llevaré a la sepultura, Malba Literatura, Buenos Aires, 2016. - El estilo de los otros. Conversaciones con escritores contemporáneos de América Latina, Mauro Libertella, Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, 2015. - Ensayo “Entre Bataille y Lacan”, Página Literal. Revista de Psicoanálisis, San José de Costa Rica, 2008. - Ensayo “Juan Tenorio y Giacomo Casanova: momentos del paradigma fáunico”, Ñácate. Revista de Psicoanálisis, número 0, De qué hablamos cuando hablamos de amor, Montevideo, 2007.

  • GRYNBAUM OBRA | Lissardigrynbaum

    Grynbaum obra Novelas - La auto-sospecha (los libros del inquisidor, Buenos Aires, 2023) - Tres novelas familiares (los libros del inquisidor, Buenos Aires, 2022; incluye las novelas: El hombre que pudo haber sido, La conquista del deseo y Un asiento demasiado confortable) - La conquista del deseo (los libros del inquisidor, Buenos Aires, 2021) - El deseo de un profeta confinado (los libros del inquisidor, Montevideo, 2021) - Un asiento demasiado confortable (Muerde Muertos, Buenos Aires, 2020) - El coloquio de los suicidas seguido de La vida onírica (Muerde Muertos, Buenos Aires, 2019) - Un amor contrahecho (Muerde Muertos, Buenos Aires, 2019) - El hombre que pudo haber sido (Santiago Arcos, Buenos Aires, 2016) - Calidad bajo sospecha (Rebeca Linke, Montevideo, 2008) - La cuchara universal (Artefato, Montevideo, 2006) - Bitácora de una persecución amorosa (Artefato, Montevideo, 2005) Relatos -Hombrecitos improvisados de apuro. Cuentos de mujeres rioplatenses.(2da. ed. los libros del inquisidor, Montevideo, 2021; 1era ed. Muerde Muertos, Buenos Aires, 2019. Idea, selección y co-autoría.) - Un escritor acabado (Margarita, Montevideo, 2013) Ensayos - Erotopías. Las estrategias del Deseo (1era ed. Muerde Muertos, Buenos Aires, 2020; 2da ed. los libros del inquisidor, Montevideo, 2021) - La cultura masoquista (HUM, Montevideo, 2011) Participación en obras colectivas Relato “Dime-lo-que-callan”, Revista Boca de sapo. Arte, literatura y pensamiento, número 29, Fantasía, Buenos Aires, diciembre de 2019. - Ensayo “Sodomizar al Rey” (2da. versión), libro Pornologías, coordinado por Fabián Giménez Gatto y Alejandra Días Zepeda, La Cifra Editorial, México, 2017. - Ensayo “Sodomizar al Rey” (1era. versión), libro Malestares en la ciudad. Cinco noches de Analistas en la Polis, compilado por Maximiliano Diel y Guillermo Giménez, Ediciones de la fuga/Witz Editor, Montevideo, 2017. - Selección, presentación y notas del libro El derecho del más fuerte y otros cuentos de Leopold-Sacher Masoch, Textos de Me cayó el veinte, México, 2012. - Ensayo “El acto masoquista”, Me cayó el veinte. Revista de psicoanálisis, número 25, La fabricación del masoquismo, México, 2012. Ensayo “Contratos masoquistas”, Ñácate. Revista de Psicoanálisis, número 0, De qué hablamos cuando hablamos de amor, Montevideo, 2007. Ensayo sobre Kafka, “Del cuerpo paciente a la máquina de vengar”, Acheronta. Revista de psicoanálisis y cultura, número 22, Buenos Aires, diciembre de 2005.

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