Ercole Lissardi y Ana Grynbaum - Erotopías. Las estrategias del Deseo

Aunque la relación de Occidente con su Oriente esté empedrada de estereotipos, no carece de profundidad. Oriente, especialmente en el terreno erótico, ha oficiado como espejo privilegiado donde la cara reprimida del deseo occidental puede aflorar. La relación entre Occidente y Oriente es de alteridad en un sentido íntimo, equiparable a ese Otro que según Lacan constituye al sujeto. Occidente ha empleado el concepto de Oriente para definir su propia identidad.



El harén representa para el sujeto occidental ese espacio donde es posible vivir un erotismo diferente sin exponerse a consecuencias catastróficas. En cuanto a transgresiones, varias son las que se encuentran en la base de esta erotopía. Las más notorias apuntan contra el mandato monogámico, la familia como corsé de la sexualidad, la hegemonía heterosexual y la condena cristiana a la sensualidad en general.


Si desde una óptica exotista, propia del eurocentrismo, el oriental es el otro, lógicamente la mujer que está en el harén es la mujer del otro. En este sentido la erotopía del harén desafía directamente el mandato bíblico No desearás a la mujer de tu prójimo. La mujer del prójimo, del otro, es precisamente el objeto del Deseo. Y esto,lejos de resultar vergonzante, se exhibe en primer plano y a todo color.


(Fragmento de La Erotopía del Harén)


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Mientras en la rubia Albión, poderosa en su modernidad pero también en sus rigideces victorianas, sensibles literatos disfrutaban de la Erotopía de los Efebos con la discreción que impone el miedo al castigo (recién en 1861 se abolió la pena de muerte para el delito de sodomía), allá en el Sur, en una bonita ciudad balnearia, al pie del Etna, fundada por los griegos 700 años antes de Cristo, un presunto barón alemán, quizá exiliado en busca de salud para sus minados pulmones, alcanzaba una realización solar e irrestricta de la misma erotopía transmutando, cámara fotográfica mediante, a los campesinos y pescadores adolescentes de la zona en los añorados efebos de la Grecia clásica.


Paradoja de sensibilidades idénticas y destinos opuestos, mientras Oscar Wilde se hacía condenar a trabajos forzados y a la destrucción de su prestigio de príncipe de las letras británicas, asumiéndose como chivo expiatorio de toda una generación de exquisitos cuyo pecado mortal era amar a los jovencitos, los desnudos fotográficos de Wilhelm von Gloeden de toscos muchachitos sicilianos posando como efebos griegos, reproducidos en revistas de arte y en tarjetas postales, protegidos y legitimados por los prestigios de la alta cultura, circulaban abundantemente por todo el mundo, incluso sirviendo –un poco como el apretón de manos de los masones– al pasar de mano en mano, como carta de presentación de los inconfesables deseos, y generando a lo largo y a lo ancho del mundo vasto, culto y reprimido una corriente de simpatía libidinosa que pronto haría de la olvidada Taormina uno de los destinos de predilección de la elite turística internacional.


(Fragmento de La Erotopía de los Efebos)


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Extractos del ensayo Erotopías. Las estrategias del Deseo, de Ercole Lissardi y Ana Grynbaum, los libros del inquisidor, Buenos Aires y Montevideo, 2020 y 2021.


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