Ana Grynbaum - La conquista del deseo

La conquista del deseo, propio y ajeno, un mismo movimiento, no se llevó adelante para Iara en línea recta. Tuvo que abrirse camino a brazo partido entre una maraña de objetos, materiales y espirituales, que se interponían entre ella y el mundo. Es decir, entre la intuición de sí misma y el escenario capaz de cargar todas las historias que se animara a vivir.



Fue necesario descartar el noventa y nueve por ciento de esos materiales pesados y engorrosos para tomar contacto, y luego posesión, de la materia deseante en su cuerpo y en el cuerpo amado. La historia de su conquista del deseo es la de ese despeje, la peripecia surgida al empujar los límites de los acotados ámbitos de su vida.


Aventura heroica, cadena de enfrentamientos orientada al objetivo de robar el fuego sagrado. La adquisición de ese saber palpitante en que consiste el amor es la materia de este bildungsroman, relato de iniciación, formación o aprendizaje.


En cuanto a los objetos que poblaban los ambientes de Iara, a mí me toca recoger lo que ella ha tirado, incluso fragmentos tan difícilmente recuperables como diminutos hallazgos en la arena del desierto. Los reúno en un puzle destinado a quedar inconcluso. Cada pieza vale no por lo que muestra sino por lo que evoca, mediante cierta operación del alma. Debo absorber el malestar que mantiene exiliados de la memoria a esos objetos para que puedan regresar.


Es importante aclarar que esta historia se escribe tanto a partir de lo que Iara rescata como de lo que deshecha. Tira el lastre para navegar, voy tras ella juntando los descartes, convirtiéndolos en materia de mi construcción, esta que les presento. Ella es la protagonista y yo su sombra. Ella se empantana en un mar solidificado por la resaca, debo yo dragarlo para que siga avanzando hacia su futuro.


Intento refaccionar los objetos, limpiarlos, ordenarlos, procurando para cada uno el anaquel de su conveniencia. Pero son demasiados y braman enloquecidos por seguir recibiendo la atención que los conserva. Pues lo que se concibe de alguna manera existe, mi rechazo los arrojaría a la nada definitiva; no estoy autorizada.


En cambio sí se me ha encargado aislar los mandatos que cayeron con violencia sobre el tierno cuerpo de Iara, para someterlos a un análisis que, en el mejor de los casos, consiga pulverizarlos. Más o menos declarados o secretos, algunos bajo la forma de prohibiciones, otros como ruegos, consejos, advertencias, maldiciones. Incorpóreos y sólidos como monumentos de piedra, su evacuación resulta urgente para el desarrollo de este relato en un nivel de verdad que le dé soporte.


Parte de lo que estoy comprometida a rescatar es el encanto anterior al desencanto que Iara sufre en relación con sus adultos amados. La fascinación hacia sus abuelos, por ejemplo.

Iara no tiene más remedio que bajarlos del pedestal, aunque se hagan trizas; yo dispongo de recursos para levantarlos, pegar los fragmentos y pulirlos hasta que vuelvan a brillar, con un resplandor acaso eterno. Ella progresa mientras yo me atraso, vanguardia y retaguardia. No puedo dejar las minas en actividad. Debo engarzarlas en mi collage, de manera tal que, finalmente, constituyan la obra de arte para la cual no estaban destinadas. (O lo que más se acerque.)


Iara debe concentrarse en Edi, bisagra en su camino hacia el deseo. Tendrá que rescatar su propio cuerpo desafiando el maremágnum de tabúes coronado por el no tocar, no mirar, no gozar. Torciéndole el cuello a los mandatos para robarles la fuerza, en la disyuntiva de matar o morir. Morir de asfixia o pegar el salto.


Iara es la niña que se debate por dejar de serlo. Yo soy quien escribe. Percibirán las diferencias. Habrán de preferir su voz o la mía, pero ambas conforman este relato.



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Prólogo de "Entre los objetos y los mandatos", La conquista del deseo, Ana Grynbaum, los libros del inquisidor, Buenos Aires, 2021, novela. Distribuye La Periférica



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