Ana Grynbaum – Ruegos en extinción para el Señor de la Paciencia
- delinquisidorlosli
- 15 ago
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Actualizado: 17 ago
En Montevideo hay una cripta del tamaño y la forma de una iglesia entera, especie de duplicado subterráneo de la iglesia San Francisco de Asís, en la esquina de Cerrito y Solís, Ciudad Vieja. Es una de las parroquias más antiguas de la ciudad, pero el Señor de la Paciencia, que preside el altar mayor, es aún más antiguo, ya tenía su capilla en la Casa de Ejercicios de los Jesuitas durante la colonia. La capilla quedaba frente a la plaza del mercado, por lo que el Señor de la Paciencia fue objeto de la devoción de muchas criadas que allí hacían las compras.

Probablemente fue fabricado en las Misiones, con materiales livianos, según viejos procedimientos indígenas, pero encerrado como está en su vitrina y sin cartel informativo resulta imposible asegurarlo. La advocación del Señor de la Paciencia y la Humildad fue especialmente utilizada para la evangelización en América, probablemente por lo humano de la postura de este Jesús sentado que permitía una identificación menos cargada de morbo letal que la imagen del crucificado. Con los atributos del Ecce Homo, es decir del Cristo Rey burlado -especialmente su desnudez-, según la tradición popular, poco antes de llegar al Calvario este hombre se sienta sobre una piedra. Se sienta y medita, por un momento queda por fuera del trágico futuro inmediato tanto como del reciente pasado equívoco; la Alegoría de la Melancolía se fusiona en su figura. Esta forma iconográfica consiste en sí misma en una salvación, por más que sepamos cómo sigue el cuento este hombre no ha sido todavía clavado, aún está vivo y haciendo uso de una soberanía heroica mira hacia dentro de sí mismo.
En un principio, bajo San Francisco de Asís se pensó hacer un panteón para los héroes de la patria, pero la laicización avanzaba veloz y firme por suelo uruguayo, separando a la Iglesia del Estado. Finalmente en la cripta quedó una sola tumba, la del cura que promovió su construcción. Hacia 1900, como probable intento de la Iglesia por no seguir perdiendo adeptos, se decidió destinar la cripta a este Jesús de los pobres. De todos modos la patria quedó enrabada en el Crucifijo de tamaño natural, colocado hoy a la vista desde la calle, bajo el cual “el padre nuestro” Artigas -como dice el himno que nos enseñaron en la escuela- debió o pudo haber rezado durante el tiempo de su escolarización.
Aparte de la escultura del Señor de la Paciencia la característica más interesante de esta cripta era tener todas las paredes escritas con ruegos y agradecimientos de los fieles, que habían elegido su propia vía hacia la divinidad. En la Cripta del Señor de la Paciencia no se oficia otro sacramento que la misa. Los confesionarios son la parte mejor conservada del equipamiento. Refacción mediante, los trazos de tinta esperanzada, que se fueron entrelazando y superponiendo durante un siglo y cuarto, están siendo ahora propositiva y meticulosamente borrados. La iglesia ha de quedar parecida a cualquier otra. Solo les faltaría sacar el olor a humedad profunda, la luz ya la introdujeron.
¿Obedecerán los devotos la nueva prohibición expresa de no rayar las paredes? ¿Abandonará la fe popular su antigua manera de comunicarse con Dios?
Aquí dejo algunos grafitis que pude salvar del borramiento:








































