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Ana Grynbaum – Del abuso al filicidio

El relato de la película Reina de corazones (Queen of Hearts, May el-Toukhy, Dinamarca, 2019) es lo suficientemente distante como para que el espectador saque sus propias conclusiones. Sin embargo, a mi entender, la historia es clara. (La siguiente argumentación no evitará spoilers.)



Anne (Trine Dyrholm) es una respetada abogada, especialista en la defensa de adolescentes víctimas de abuso. Vive con su esposo médico, Peter (Magnus Krepper) y sus hijas mellizas en una casa de hermoso diseño y llena de ventanales que dan a un bosque. Un día viene a vivir con ellos Gustav (Gustav Lindh), el hijo del matrimonio anterior de Peter, un adolescente crecido aunque todavía menor de edad, quien ha sido expulsado del liceo por mala conducta. Ya desde el poster que anuncia el film se nos informa que entre madrastra e hijastro habrá sexo.


Efectivamente, Anne seduce a Gustav y ambos viven su relación íntima, no exenta de bellos momentos, atrevidamente dentro del hogar e inmediaciones. Hasta que, como era de prever, son descubiertos (por la hermana de Anne). Entonces Anne decide terminar el vínculo y hacer como que nada sucedió. Pero durante una estadía a solas con su padre en la casa de vacaciones de la familia, Gustav confiesa a Peter su relación con Ann.


Cuando Peter confronta a su esposa esta niega rotundamente todo en una escena de violento cinismo. Peter debe elegir entre la verdad del hijo y la “verdad” de su mujer. Optar por la versión de Anne implica proteger el hogar formado por ambos y las dos niñas, excluyendo a Gustav, quien en principio iría a un internado. Gustav fracasa en conseguir que su padre le crea y también en el posterior intento de denunciar a Anne ante la justicia, ella le convence de que nadie habrá de creerle. Finalmente Gustav desaparece y tiempo después se lo encuentra congelado camino a la casa de vacaciones donde había estado con su padre.


La historia es especialmente interesante por poner el acento en lo monstruosas que pueden llegar a ser ciertas personas, no solo de refinada educación sino perfectamente informadas sobre el tipo de abuso que cometen y las posibilidades de impunidad que les brinda su medio social. A lo largo del film conocemos algunas de las chicas defendidas por Anne y vemos cómo algunos juicios se pierden porque la palabra de la víctima es desoída y también cómo el abuso se perpetra por parte de los familiares más cercanos en la intimidad del hogar. Anne sabe demasiado bien lo que hace y cómo hacerlo para sostenerse en su rol de “Reina de corazones”, excelente madre y profesional que ayuda a los indefensos. Finalmente quedará claro también que su esposo no era el cómplice involuntario que parecía.


El comportamiento de Anne no tiene atenuantes. Desde el momento en que Gustav llega es notoria su vulnerabilidad, expresada en posturas a la defensiva y en la torpeza con que efectúa un robo en la casa. Cuando Anne lo descubre, a mi entender, empieza a ejercer su poder en desigualdad de condiciones (o abuso) sobre Gustav. Le ofrece ocultarle a Peter el hecho a cambio de que Gustav se integre a la vida familiar. En la negociación no deja de amenazarlo con hacer la denuncia policial, que habría de afectarlo especialmente pues Gustav tiene antecedentes penales. Gustav acepta el trato y todo parece empezar a funcionar bien, con Anne desempeñándose como amorosa figura materna.


La tentación asoma las orejas por primera vez cuando Gustav trae una chica a la casa y Anne los escucha gozar sexualmente; un poco a lo salvaje, acaso exhibiéndose, como los adolescentes suelen hacer. La seducción de Anne hacia Gustav va teniendo lugar hasta llegar al acto, cuya iniciativa toma Anne yendo al dormitorio de Gustav. La actividad profesional de Peter lo lleva a prolongadas ausencias del hogar. Se podría aducir esto en favor de que Anne busque un amante, si no se mostraran las escenas de sexo entre los cónyuges, e incluso cómo ella le propone a Peter, cachetadas mediante, una arremetida intensa.


Ninguna dirección le está prohibida a la Reina, la alusión al personaje de Carroll es confirmada por las lecturas en voz alta de Alicia que Anne, y también Gustav, hacen a las niñas. La Reina de corazones no es una figura de amor sino de poder. La erótica de Anne es la del dominio, sin límite, para lo cual debe trascender los límites de su propia ética.


En la escena donde discute con su marido para imponer la versión de las cosas necesaria a su dominio, Anne no escatima histrionismo ni violencia. Recurre a los argumentos más trillados de los abusadores y violadores, que ella conoce muy bien tal vez no solo por su actividad profesional. En diálogo íntimo con Gustav le confesó que su iniciación sexual fue en una relación que no debió haber sido, sin más detalles.


Anne le sugiere a Peter que Gustav ha inventado la relación entre ellos para destruir el hogar que Peter ha construido con Anne, queriendo vengarse por el abandono de su madre. Concédase el valor y el uso que se quiera a la cuestión del “Edipo” y las fantasías filiales encarnadas en la novela familiar, pero en todo caso el hecho de que un chico pretenda “acostarse con la madre” y “matar al padre” es absolutamente normal. Que se realice o no, depende de la conducta de los adultos. A los adultos corresponde toda la responsabilidad.


Anne tiene un conocimiento de su responsabilidad tan profundo como la negación que efectúa. La discusión en la cual impone a Peter su versión de las cosas se gana con una palabra: ¿Acaso yo soy un monstruo? Peter retrocede: no, su esposa, la madre de sus hijas, la intachable profesional, no puede ser un monstruo, no debe serlo. Anne verdaderamente actúa como un monstruo, eso es lo que se debe negar al costo que sea. Y se lo niega, al precio de la tragedia, misma que Anne estaba en posición de prever, aun como posibilidad.



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La película Reina de corazones explora a fondo la monstruosidad de la moral burguesa en uno de sus más sofisticados niveles de producción. La monstruosidad que opera en la intimidad familiar de personas cultas pertenecientes a una sociedad refinada, pivote en el respeto de los derechos humanos.-


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