A. Grynbaum, E. Lissardi - Acerca de "Blonde"

Ana Grynbaum - El ícono Marilyn Monroe


La película Blonde, de Andrew Dominik (2022), sobre la vida de Norma Jeane Baker / Marilyn Monroe es una muy buena película acerca de su protagonista en tanto víctima. Pero el ícono MM, el que interesa en tanto elemento de la cultura, no sería tal si Norma Jane fuera tan solo una infeliz mujer. Marilyn es ante todo un súper sex symbol con más de medio siglo de vigencia trascendiendo generaciones. El film parece olvidarlo.


Norma Jeane es en primer lugar víctima de su familia, padre desconocido, madre loca que la odia e intenta asesinarla, tras lo cual va a parar a un orfanato. Vulnerable desde el vamos, al irse convirtiendo en la rubia sexy, será víctima de la máquina hollywoodense, con sus productores que la conminan a prostituirse en lugar destacado, de la violencia de su esposo Joe Di Maggio que no puede con la emblemática escena de la pollera volada en La comezón del séptimo año, del manoseo del Presidente Kennedy que la usa de puta y la descarta como mierda, etc.


Pero la protagonista de Blonde es sobre todo la víctima fatal de su propia incapacidad para vivir, que la auto-tortura y empuja a un estado de intoxicación permanente en el peor sentido y con nefastos resultados. Todo eso está muy bien mostrado.


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Días después de haber visto la película me di cuenta que esa víctima que Blonde desarrolla no responde a la pregunta que encuentro verdaderamente interesante en relación con Marilyn Monroe: ¿cómo fue que esa chiquilina sin atributos pudo convertirse en el ícono de masas que aún mucho después de muerta continúa siendo? La película no toca este punto neurálgico.


Desde que Hollywood es Hollywood existe la carretada de “rubias taradas”, más o menos tetonas y culonas, para gusto del macho promedio. En tanto starlet rubia platino Marilyn fue una más. Pero la mayoría de dichas estrellitas cayeron rápidamente en el olvido, mientras que Marilyn sigue siendo un personaje que todo el mundo distingue, aun sin haber visto sus películas. Con lo de “blonde” no se resuelve el enigma de su iconicidad.


Cabe sospechar que, aunque cuestionable en su capacidad como actriz, Marilyn tuvo un talento único para el desarrollo de sí misma en tanto personaje. Si el ícono MM continúa vivo es porque sigue teniendo una comunicación directa con su público, sigue diciendo y planteando cuestiones que solo mediante la ambigüedad de la imagen se pueden transmitir.


Hembra de un potencial sexual arrollador tanto como pasivo y frágil, la carga sensual que la convierte en símbolo no puede estar ajena a su propio erotismo. Una persona que solo es víctima difícilmente sea capaz de cargar libidinalmente su imagen con tanto éxito. El hecho de que los directores de Hollywood la eligieran a pesar de padecer sus caprichos y sus rabietas se debía lisa y llanamente a los millones que su participación aseguraba a la industria. Porque Marilyn es Marilyn y sus películas tenían público asegurado. El ícono tiene una dimensión tautológica, se sostiene en su propio poder.


En la película de Dominik hay una sola escena en la que ella goza sexualmente, la del trío que formaba con Cass Chaplin y la pareja de este. Resulta llamativo que tratándose de un símbolo sexual, salvo la excepción señalada, se aborde su vida erótica exclusivamente mediante escenas prácticamente violatorias, que ella sin ambigüedad padece.


Sin embargo, al analizar la dimensión icónica de MM, cabe pensar que, de forma más o menos consciente, Norma Jeane invirtió en su personaje de Marilyn algo que estaba en lo profundo de su naturaleza. Y que ese algo, más allá de la vulnerabilidad, partía de su deseo y de la posibilidad de placer que este le prometía y a veces le brindaba. El hecho de que no fuera una gran actriz apoya esta idea, hay algo innegablemente auténtico y potente en la sensualidad que irradia su imagen, algo que ella no hubiera sabido fingir.


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No soy ni detractora ni fan de MM, como público general percibo su aura casi como una molestia y sospecho que esa incomodidad debe atribuirse precisamente a la carga erótica del ícono, una carga que tiene el poder de cuestionar y que no se diluye en explicaciones psicologistas ni feministas.


Ese poder inquietante ni siquiera obedece al morbo que produce su muerte trágica y oscura, sino a eso que la persona fue capaz de darle a su personaje y que habría que investigar más allá de la figura de la víctima, acaso para darse contra la opacidad de lo sexual, pero posiblemente rescatando alguna hipótesis que acerque a una explicación del lugar del ícono Marilyn Monroe en nuestra cultura.


El análisis de la erótica de Norma Jeane / Marilyn Monroe paradójicamente falta en esta biopic sobre uno de los símbolos sexuales más famosos del Siglo XX. La evidente negación del erotismo resulta una omisión flagrante.-





Ercole Lissardi – La magia


Coincido con Grynbaum en la carencia fundamental de que padece el film de Andrew Dominik. Me sucede demasiado a menudo detectar errores de concepción y/o de escritura en producciones cinematográficas costosísimas, errores que llevan al proyecto inevitablemente al fracaso, y me pregunto: ¿nadie entre toda la gente que en la preproducción rodea al “autor”, y que ganan cantidades indecentes de dinero, se molestó en decirle “mirá que en este libreto hay un error grave? ¿no lo hicieron porque temieron que el proyecto colapsara, o que el “autor” les hiciera la cruz por contras, acabándoseles así la gallina de los huevos de oro? ¿o es tanto el respeto reverencial que impone el “autor” que inhibe en sus asistentes y asesores la función crítica?


¿Qué es lo que Dominik no ve y por consiguiente no muestra, baldando así su loable proyecto de decir por fin la verdad sobre Marilyn? No ve que entre Norma Jeane y Marilyn Monroe existió un extraño tipo de alquimia: al encenderse las luces en el estudio, o al dispararse los flashes de los fotógrafos, tanto la sensualidad como la fragilidad de Norma Jeane se amplificaban hasta generar el monstruo de sensualidad y fragilidad al que llamamos Marilyn. Marilyn es el Mr. Hyde de Norma Jeane.


¿Ponía Norma Jeane propositivamente algo para que tal mutación ocurriera? No. No hubiera sabido hacerlo. Como bien sugiere Grynbaum, Norma Jeane no era una actriz. La mutación simplemente ocurría. En realidad no es raro este tipo de fenómeno alquímico. Gary Cooper, Cary Grant, Humphrey Bogart, por decir algunos nombres del cine clásico hollywoodense, tampoco eran actores -no disponían de las habilidades necesarias para transformarse en cualquier personaje que se les propusiera-, pero cuando corría cámara, instantáneamente se convertían en el epítome del héroe lacónico, del seductor mundano o del héroe existencialista respectivamente.


Norma Jeane sabía que eso le sucedía con total puntualidad, aunque no supiera cómo ni por qué. Y sin duda que la utilización por parte de la industria de esa proyección amplificada de su ser interior le caía bien, porque le significaba fama y fortuna, éxito, digamos. Hasta que dejó de caerle bien. Comenzó a sentir se prisionera del monstruo Marilyn y deseó convertirse en una verdadera actriz. Para intentarlo incurrió en el absurdo de inscribirse, ya famosa, como estudiante en los cursos del Actor´s Studio. Es posible argumentar que la única película en que es posible ver a Norma Jeane en tanto actriz y no en tanto Marilyn, fue Los inadaptados, de John Huston, con libreto de Arthur Miller, su tercer marido, quien por cierto la conocía muy bien, estrenada pocos meses antes de su oscura muerte.


La industria, por supuesto, no estaba dispuesta a aceptar que uno de sus íconos más jugosos adquiriera habilidades que la alejaran de aquello por lo que el público estaba más que dispuesto a pasar por la taquilla. Su público lo que adoraba en ella era ese monstruo bifronte que era Marilyn, combinación indisociable a la vez de hembra provocativa, hambrienta de sexo, y de mujer frágil como una niña. Cual sea el significado de este complejo deseo de la manada masculina es tema que se lo debemos dejar a los sicoanalistas, los sexólogos y los sociólogos. Pero una cosa es clara: hace ya más de setenta años que ese deseo sigue significando lo mismo y con la misma intensidad.-



Otro artículo sobre Marilyn Monroe en nuestro blog: https://www.lissardigrynbaum.org/post/ercole-lissardi-las-cicatrices-de-marilyn