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Ercole Lissardi - La inspiración

La inspiración no es consecuencia de la intervención de una Musa.


Fragonard, La inspiración


Inspiración llamaremos a cualquier motivo que origine un acto creativo.


La inspiración es algo personal del creador, su subjetividad decide, consciente o inconscientemente, qué es y qué no es un motivo inspirador.


A lo largo de una trayectoria creativa los motivos de inspiración varían.


La progresiva comprensión que el creador va elaborando del acto creativo hace que se le vuelvan más y más conscientes los motivos que lo inspiran.


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Así puedo decir, grosso modo, respecto de mi trayectoria creativa que en una primera etapa mis motivos de inspiración provenían de mi imaginación, mientras que en una segunda etapa provienen de mi memoria. Por supuesto que entre los insumos de la imaginación se encuentran los recuerdos, y entre lo que creemos recuerdos a menudo se cuelan imaginaciones.


Veamos un ejemplo concreto. En Acerca de la Naturaleza de los Faunos la inspiración provino de lo que yo podía imaginar que podría ser un fauno, pero muchos de los materiales con que están construidos los distintos pasajes de que se compone esta novela provienen de las memorias que guardaba de mis vivencias veraniegas y de ciertos encuentros veraniegos cargados de erotismo.

De opuesta manera, un libro como Edén se inspira abundantemente en mis experiencias sexuales y sentimentales de adolescencia, pero las presento a menudo condimentadas con pinceladas producto de mi imaginación.


Evangelio par el Fin de los Tiempos es mi respuesta, por demás imaginativa, al tema del fin del mundo, tema omnipresente en la sensibilidad del fin del milenio, pero el delirio imaginativo estaba aderezado con mis intensas experiencias en el paisaje serrano.


Mis dos novelas más recientes -El demonio de la Indiferencia, y aquella en la que aún estoy trabajando y que todavía no tiene título- son casi puramente producto del esfuerzo de la memoria. Ambas están inspiradas por el recuerdo de mujeres que conocí, en el sentido bíblico de la palabra.


Estaba escribiendo las primeras páginas de El demonio de la Indiferencia cuando súbitamente comprendí, digamos que cuando mi narrador encendió la veladora y le vio la cara, que ese personaje oscuramente convocado -Nora lo llamé- era nada menos que Fulanita, a quien conocí hace unos quince años. Sorprendido por su comparecencia me esforcé por precisar el recuerdo que tengo de ella, sin lograr mucho en el esfuerzo. Entonces -en alguna medida hijo de mi tiempo- se me ocurrió googlear su nombre y ¡sorpresa! apareció, junto con su currículum una fotito tipo carnet, pero muy nítida y, sobre todo, mostrando su gesto más característico. Aquella foto abrió las puertas a mi recuerdo de ella y sobre todo al recuerdo de su actitud hacia mí. Y no digo más.


En cuanto a esta novela en la que estoy todavía trabajando, se basa también por completo en el recuerdo que guardo de Elena, a quién conocí, demasiado brevemente, hace ya un par de décadas. Nuestra frecuentación fue tan intensa que tengo de ella sobrados recuerdos muy accesibles en mi memoria, y, en ese sentido, no hubiera sido necesario recurrir a una imagen que me la precisara. Es más, tengo la impresión de que los recuerdos de lo nuestro estaban emboscados en algún repliegue de mi memoria esperando a que las circunstancias me invitaran a hacer algo con ellos.


Comoquiera que fuera, acababa de poner el punto final al retrato de Nora a partir de una foto cuando llega a mi mail un cariñoso saludo de Elena ¡veinte años después! acompañado de un par de imágenes en las que me muestra las tetas, como para dejarme claro cuán intenso era su recuerdo de lo nuestro. Le agradecí la hermosa dádiva y la invité a leer la novela que aún no he terminado.


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¿Por qué hay motivos que sirven como inspiración, generando la voluntad de crear?


Hasta donde puedo comprenderlo analizando mi propia experiencia, a esos motivos, provengan de la imaginación o de la memoria, lo que los distingue es que en ellos encarna una pérdida o un fracaso, y dan origen a una ficción en la que, con esa pérdida o ese fracaso, se hace algo ¿qué? se los amplifica y se los explora, se los destila hasta que sirvan como vacuna, y a veces hasta se los compensa mutándolos en experiencias beneficiosas. En la dinámica espiritual del autor, digamos, la inspiración, que nunca se produce al azar, a menudo cumple funciones terapéuticas.


Por ejemplo, en El amante espléndido, con su dios en fuga que esconde sus secretos en el intestino del ser humano al que ha elegido para tal fin, el motivo de inspiración, del que no fui consciente ni antes ni durante la escritura, fue mi experiencia infantil de ser incapaz de sentir nada, y mucho menos lo prescripto, al recibir en mi aparato digestivo el cuerpo de Cristo en forma de hostia, durante la Eucaristía.


Por supuesto que, en textos como Edén o El demonio de la Indiferencia, en los que notoriamente se trata de retomar los datos de la memoria para, con el recuerdo recuperado hacer algo, sea confirmarlo o mutarlo en un recuerdo más satisfactorio, en estos textos, digo, el motivo de inspiración es consciente desde antes de comenzar, y durante todo el acto creativo dialoga con la escritura.-




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