Ercole Lissardi - Eisenstein según Greenaway

Para generar su “Eisenstein in Guanajuato” (2015), Peter Greenaway se sumerge en el multifacético universo del genial Sergei Mikhailovich Eisenstein. Inmersión que duró más de medio siglo, ya que descubrió el cine de Eisenstein en 1959 a la edad de 17 años, y de la que emerge dotado de una visión –que debemos asumir tan original como consistente- de la íntima dimensión trágica de la vida de Eisenstein.


Elmer Bäck como Eisenstein


Eisenstein en México


El bagaje intuicional así adquirido lo aplica Greenaway para imaginar qué pudo haber sucedido durante la estadía de Eisenstein en México, período de dos años que marca un giro para mal y para peor en su vida y en su obra.


En 1929, luego de los éxitos clamorosos de “¡Huelga!”, “El acorazado Potemkin” y “Octubre”, Eisenstein es autorizado a viajar a Occidente como niño mimado de la cinematografía soviética. Lleva en el bolsillo un contrato, firmado por uno de los grandes mogules de Hollywood.


Pero el anticomunismo, que progresa rápidamente en los Estados Unidos y en particular en el mundo del cine, le impide realizar su proyecto. Robert Flaherty, el gran documentalista, le sugiere entonces montar un proyecto para filmar en México, donde los costos son muy bajos. Eisenstein consigue fondos a través del grupo de intelectuales norteamericanos de izquierda que lidera el novelista Upton Sinclair y viaja a México, con su cameraman de cabecera, Eduard Tisse, y con el actor.


El consejo de Flaherty era bueno: Eisenstein está de inmediato fascinado con México y pronto tiene claro su proyecto, que titula “¡Que viva México!”. Todo parece ir de la mejor manera. Se calcula tres meses de filmación, luego la edición en Estados Unidos y el regreso a la URSS con un nuevo triunfo bajo el brazo.


Sólo que el bueno de Sergei tiene una deuda. Una de esas deudas que temprano o tarde pero hay que pagarlas. Y que a menudo hay que pagarlas en el peor momento, con consecuencias devastadoras. Que fue, según Greenaway, lo que le pasó a su biografiado.


La deuda de Sergei es con su propia vida, con su cuerpo, con su sexualidad, con su maduración como ser humano. A los treinta y tres años de su edad aún es virgen. O, para ser más precisos con un detalle no menor: homosexual y virgen.


En ese México recontra-católico (acaba de terminar la primera Guerra Cristera) y en medio de un rodaje, era el peor momento y lugar para que Sergei pagara su deuda. Su personalidad explosiva, la desmesura de su imaginación y la profundidad de sus sentimientos estallan en un verdadero desenfreno, y pierde el control de su vida, precisamente en el momento y en el lugar en que debía ser especialmente cuidadoso.


Absorto en su descubrimiento de la sexualidad Sergei suelta las riendas del rodaje, los meses pasan sin cumplirse los plazos de producción, Stalin se inquieta por la tardanza en regresar de su cineasta estrella, los gringos que lo producen se impacientan y le mandan un supervisor que resulta de dudosa honestidad y por demás conflictivo.


Eisenstein en México