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Ana Grynbaum – Juego y deseo según Kiarostami

Fiel a su estilo y voluntad, en Copia certificada (Copie conforme, Abbas Kiarostami, 2010), Kiarostami se introduce en el medio de la pareja protagónica a fin de mostrarnos su devenir, adoptando un punto de vista móvil y ubicuo al tiempo que íntimo, siguiendo los hilos que se tejen para formar a la pareja (“pareja” en sentido general y con independencia de la duración).


En La Toscana una mujer francesa (sin nombre, Juliette Binoche) cría sola a su hijo preadolescente y tiene una tienda de objetos de arte, originales y también copias de buena calidad. En la presentación del libro “Copie conforme” de James Miller (William Shimell), un escritor inglés que en dicha obra propone cierta teoría de la superioridad de las buenas copias sobre los originales, la protagonista arregla con el autor una cita aduciendo razones de orden cultural. Dicha cita dará lugar a un paseo por la Toscana.


En auto y a pie los acompañamos a través de paisajes que hacen las delicias hasta del turista menos cholulo. En cierto momento estando en un café la patrona los toma por un matrimonio, confusión que el personaje femenino comienza a degustar y de la cual se apropia. En el diálogo con el escritor ella comienza a actuar como una esposa desgastado al cabo de un matrimonio de quince años. James irá siguiendo el guion que ella le va proponiendo. Las discusiones y las nostalgias habrán de aflorar sin dejar de conducirlos a lo largo de un idílico paseo por callecitas, museos, iglesias y trattorias, hasta llegar a un hotel en el cual la pareja habría pasado su noche de bodas. Entonces, al borde de la cama, los personajes marcados por el hartazgo y la bronca marital se esfuman para dar lugar a los dos nuevos amantes. La mujer antes exasperada deviene hembra encendida, luciendo toda la sensualidad de que Binoche es capaz.


Kiarostami y Binoche en una de las locaciones


Pero antes del itinerario transitado hay una escena en que la mujer conversa con su hijo. El niño le quiere sonsacar lo que ya sabe, que su madre está interesada en el escritor inglés como mujer. El detalle es cómo se expresa al respecto: “Yo sé que estás con ganas de enamorarte de él”. Como si enamorarse fuera una cuestión de voluntad. En principio la formulación parece propia de la inmadurez del hablante, sin embargo esta aclara su valor de verdad con el devenir de la historia. El pequeño viaje que ella emprende con el flemático intelectual consiste en un juego en el que ella propone un libreto y él, adivinándolo paso a paso, se presta a coprotagonizarlo. Ella le ofrece sus ganas de enamorarse como un guante que él recoge. (Hablar de juego no le quita seriedad ni consecuencias al asunto, el juego es un mecanismo de realización.)



En la seducción es la fantasía quien construye su realidad


Puesto que no es la mera atracción física entre dos cuerpos lo que engancha eróticamente a dos personas sino que ambos deben picar el anzuelo de cierta fantasía que les promete el cielo, Copia certificada pone de relieve el lugar de esa fantasía entre dos que cimenta el vínculo erótico (y acaso todo vínculo). Ahora bien, ¿por qué el argumento que la mujer pone en escena para establecer el juego sensual tiene las características de un encerrado lamento por el desgaste de la pareja? ¿Por qué insistir en este desgaste en el propio inicio de una eventual pareja?


La parquedad informativa del film genera una ambigüedad en la que el espectador debe poner lo suyo. Es posible que la mujer esté volcando en este desconocido vivencias pasadas, acaso con el padre de su hijo (aquí a la teoría del deseo se le superpone la del trauma y la repetición operaría en tanto búsqueda de una oportunidad para la curación, e incluso enrabado con ello el clásico tópico del amor como herida, pero no son estos los puntos que me interesan ahora). También es posible que ella simplemente se esté imaginando lo que sucedería si ellos efectivamente establecieran una relación. El caso es que esa información no está porque no interesa. Más acertado resulta preguntarse qué es lo que ella encuentra en esa escenificación del drama matrimonial. Y la respuesta más razonable parece ser que lo que obtiene y le permite sostener la escena es un goce. Califíquese a este goce como se lo desee, en todo caso dicho goce impulsa la relación.



Resonancias


En El año pasado en Marienbad (Resnais,1961) el argumento que un personaje ofrece al otro, respecto de la historia de amor que habrían vivido en el mismo balneario el verano anterior, permanece como mero fantasma porque a quien se lo propone no lo acepta. No recuerda ni quiere participar del juego.


En In the mood for love (Wong Kar-wai, 2000), la relación entre la peculiar pareja comienza y se impulsa en las escenas en que estos actúan como si fueran sus respectivos cónyuges, que son entre sí amantes.


En el tercer episodio de La ruleta de la fortuna y la fantasía (Ryusuke Hamaguchi, 2021) la relación entre las dos mujeres se apuntala en que una de ellas acepta desempeñar el papel del amor de la juventud de la otra. Ese juego consensuado tendrá consecuencias liberadoras para ambas, además de la nueva amistad que genera.



El mecanismo del deseo magnificado


Este resorte de la búsqueda en una nueva relación del regreso a una experiencia anterior, en la que cierto deseo fue engendrado, está ya señalado en los fundamentos de la doctrina freudiana. La tan mentada búsqueda del “objeto de amor”, en algún sujeto, sobre la huella fantasmática de una primera experiencia de satisfacción que hizo surgir el deseo más allá de la necesidad biológica. El deseo como paradójico mecanismo de repetición pues conduce a la creación de nuevas relaciones.


Sin embargo, por más advertidos que estemos respecto de la naturaleza del deseo, nos sorprende encontrar su maquinaria detallada en la pantalla como sobre la patina de un microscopio, tan de cerca que semeja un monstruo o un bicho raro. El arte opera por sorpresas, puede maravillarnos con lo más elemental.-



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